On being there... es un proyecto editorial sobre el viaje entendido como experiencia sensible.
Un espacio para observar, registrar y habitar lugares donde la hospitalidad se expresa en gestos, silencios y detalles.
No es una guía ni una reseña.
Es una invitación a estar.
Hay una versión del viaje que pocas personas se permiten.
No porque sea cara ni difícil de conseguir. Sino porque requiere algo que no siempre nos permitimos: estar completamente solos, en un lugar que no nos conoce, sin ningún lugar adonde ir apurados.
Esa mañana en Hong Kong, el desayuno llegó sin que nadie me preguntara si esperaba a alguien más.
La mesa y la vista estaban ahí, frente a mí; para mí solo: el puerto, las grúas, los barcos moviéndose despacio sobre el agua plateada.
Una ciudad que no sabía mi nombre y que, por eso mismo, no me pedía nada.
Hay una libertad extraña en eso.
Cuando viajás solo — de verdad solo, sin agenda compartida, sin tener que negociar el próximo paso — el mundo se vuelve tuyo de una manera diferente. Ni mejor ni peor que viajar acompañado. Distinto. Más íntimo, quizás. Más honesto.
Terminé el café. Miré el puerto un rato más. Después subí a buscar la mochila, la guía, los auriculares y la cámara. La ciudad estaba ahí afuera, entera, esperando ser recorrida sin apuro y sin testigos.
Hay algo que pasa justo antes de abrir la puerta. Un instante en que la ciudad todavía no te tiene, pero vos ya la estás esperando.
No son exactamente nervios. Tampoco es calma. Es algo en el medio — esa tensión silenciosa entre el adentro y el afuera, entre lo conocido y lo que está a punto de suceder.
Eso, para mí, es una de las formas más puras de estar.
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Hong Kong, W Hotel
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